En mi segunda semana en Londres, llegaron Agnese y Natali. Capítulo a parte para estas dos criaturas que, como ángeles, parecen pregonar, con su sola presencia, que la providencia no se marchó de vacaciones.
Martes por la mañana. Amanece lloviendo, el cielo está totalmente encapotado. Tengo un montón de cosas que hacer. Me levanto y están Agenese y Natali preparando un pastel. "Sí, es para comerlo entre todos. Es que nos apetecía." ¡Como cuando era un niño! Me pongo a ayudarlas. Se me ocurre que podríamos hacer un batido para acompañar. Cojo la bici, me voy a la tienda que hay cerca de casa y traigo ingredientes. Nos tiramos toda la mañana entre harina, huevos, mantequilla, leche y demás pringosidades. Por la tarde montamos una merienda entre todos. En esta casa estoy descubriendo algo de lo que me habló Ale hace ya tiempo. "Hay que dejarse fluir" suele decir. ¡Cuánta razón tiene! La vida me lo va mostrando. Matteo es un auténtico catalizador de fluires, sin que uno se de cuenta, en un día cualquiera, es capaz de aparecer con vino y gente, de la nada brota la música, y cuando simplemente bajabas a cenar, acabas metido en una fiesta.
En estos días la casa es un venir e ir de gente. Vino Pablo de Argentina, Cathleen de Seattle, y luego han venido Arturo un Güei del D.F. que está como las maracas de Machín aunque es un genio y Naomi de Puerto Rico. No me puedo resistir a contaros la llegada de Arturo. Vuelvo de trabajar y me encuentro a todos reunidos en torno a un chico que empieza a sacar todo tipo de artilujios de su maleta. Trucos de majia, chistes, coches con un globo para hacer de propulsión. Pero lo más grande es el momento en que saca las mascaras de lucha libre mejicana. Máscara sagrada, el Payaso, un montón de nombres más y, mi preferido, Rayo de Jalisco.
Agnese, Natalí y Pablo se han ido al este, igual que Xaba y Mirtha, y Carlos y Sara. Así que tras mucho ajetreo, la casa empieza a normalizarse. El otro día fue el cumpleaños de Natalí, y vino Agnese a preparar una tarta. Os dejo unas fotos de aquello y la posterior fiesta en el este, en casa de Agnese, Natalí y Pablo.
Agnese repostera
Y aquí estoy, con el gorro de Natalí.
Por cierto, como os estoy mandando estas cartas por fascículos, doy por supuestas cosas que vosotros aun no habéis leído. Ayer recibí un mail de Andrés preguntándome qué tal la entrevista de trabajo. Pues llevo ya casi tres semanas trabajando en la English Nacional Opera. No, no, mi carrera en el mundo del espectáculo no está llendo tan rápido. Soy camarero en el bar de la Ópera. La experiencia es también muy buena. Estoy con el mejor jefe que he tenido hasta la fecha, y los compañeros son estupendos. Esoty con ingleses, franceses, hispanos, algún que otro bulgaro - esa gente trabaja como nadie - un par de italianos y demás especies varias. En el bar en el que suelo trabajar - hay seis bares - estoy con Robert y Billy, ingleses, con Guillaume y Vincent, franceses y Tonitto, italiano. Así que estoy practicando ingles y, sorprendentemente, frances, lo que me viene muy bien. Esta ciudad es lo que tiene, es como el arca de Noé.
Nada más desde aquí. Os dejo una canción que Matteo me ha descubierto y que está siendo la banda sonora de estas semanas un tanto bohemias y muy londinenses.