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lunes, 24 de septiembre de 2007

El lagar de las estrellas

En el lagar de las estrellas contemplo tu rostro, de firme hermosura; ésta esperanza colmada de congoja, ésa loca alegría en la temeraria huída hacia ninguna parte. El fuego ardiendo en nuestras entrañas convencidas, contra toda evidencia, que la lucha nos otorgará un día la victoria.

En el lagar de las estrellas contemplo tu rostro. Las calles, las luces, los nombres, carnes de mi propia carne, he de dejaros. No negaré que me colma de congoja poder algún día perderos, pero aferrarme a vosotras sería perderos para siempre. No es la congoja la que me empuja hacia a delante, sino una profunda y voraz hambre. Calles de Madrid, luces de mi alegría y sombras de mi pesar, nombres de profunda y sincera hermandad, de sangre forjada bajo un manto de negra guía hacia los puertos de la paz, a través de oceanos de nocturna tempestad; escanciando el licor de nuestras alegrías.

En el lagar de las estrellas recordaré siempre los nombres, las luces, las sombras; morriña hasta de las sombras. Pues toda tú, ciudad de los madroños, llevo tatuada en el alma. Y un nombre, un rostro llevo como espina en el corazón; un ángel cuyos ojos tienen el misterioso don de devolver la vida. Pero no huyo, que si corro, mi fuerza no me la otorgan mis espaldas sino mi mirada y el horizonte siempre tan rico. "Mantente vivo, por piedad, mantente habriento" gemía el músico, entonces el viejo poeta respondió: "Si algún día oís que me he muerto, sabed que me han matado".

Veo tu rostro y sé que todo lo que voy siendo, lo construyen estas miradas de profunda humanidad. Carnes de mi carne, contemplando el cielo, en el lagar de las estrellas.

jueves, 30 de agosto de 2007

La noche de tus sueños

Un verano en la noche de tus sueños
corriendo por los campos al caer de las luces
de alocados hombres, buscando fuegos
en un siglo iluminado por las sombras
de togas marchitas. Quién hubiera pensado que la luz se encontraba a solas
esperando en estos ojos.

Las hojas caen en un crepúsculo de árboles torcidos por su propio deseo;
fugas bailando hacia un sol tan distante.
Quién hubiera dicho, y sin embargo lo creo,
que habría de encontrar la luz en estos ojos

Un lugar en la tormenta, una sombra al caer del relámpago,
no un cobijo, un empujón de temeraria esperanza
un horizonte en la huída, quizás, una mirada de firme abrazo
y estos ojos, de luminosa templanza,
unos pies, corriendo sin más rumbo
que el hambre de tu carne, en el fuego de estos ojos,
ardiendo
en la noche de tus sueños.